… Y Recogí La Toalla Una y Mil Veces Más.

No es fácil hablar de cosas que nos ha costado tanto superar pero cuando se tratan de historias difíciles que pueden impactar de manera positiva a otras personas, entonces estoy dispuesta a contarla millones de veces más.

Es asi como resumo mi historia del domingo pasado, la cual comenzó con lo que pensé sería el final de mi carrera– ¡literal! Como les estaba diciendo, llegó el primer día de clases de “periodismo y sociedad,” una clase que comenzó de manera intensa. Primeramente, el profesor era re-experto en el tema, o sea, si… todo profesor es experto en lo que hace pero este señor no sólo era eso pero tenía una pasión por el periodismo y el impacto en la sociedad– más que todo en esta época de “fake news” y todos los cambios que el periodismo ha sufrido en menos de 10 años. El profesor Anderson nos advirtió que ésta clase determinará nuestra verdadera pasión por el periodismo y si en realidad estabamos listos para esta profesión (y ahora puedo confirmar que su advertencia fue cierta). La verdad las tareas eran muy fáciles: escribir una página semanal de análisis de artículos que salían en periódicos cero amarillistas (éstos periódicos no hacen artículos normales, eran más como reportes con estudios, estadísticas y todo lo que le podían meter) pero igual, lo considere fácil haciendo sólo uno por semana. Lo difícil era llegar a la clase y empezar a discutir las noticias— Oh, my lord! Como me sentía de incomoda porque sentía la presión de que todo el mundo quería exceder. Desde ahí, ya iba con puntos menos en el grado de participación y eso me daba una rabia porque siempre me enfocaba en que mi grado final sea una A (si, media nerd, pero era como una meta que me ponía siempre).

O sea, ese profesor era, mmm… me intimidaba con su pasión y conocimiento en el tema. El nos hacia pensar más allá de lo que ya todos sabiamos o pensabamos. La clase fue muy desafiante y ya temía que no iba a obtener una A. Llegó el día del proyecto final (contarles sobre este proyecto es una historia completa, asi que solo digamos que fue super difícil), y ese dia estaba sudando frío pero no por entregarlo, sino porque para entregarlo había pasado por noches sin dormir y faltas “sociales” con mis amigos o conocidos. Con decirles que mandaron mi proyecto a revisión y ni aún después de la revisión, saqué una A 😐.

(Mi primer draft del proyecto)

Luego llegó el día del debate– el día que todos nos empezamos a confesar que si pasabamos la clase, era puro milagro. Antes del día del debate, el profesor nos dijo que más del 50% de la clase iba a pasar la clase “raspando,” asi que teníamos que debatir de una manera impresionante. Pero ¿qué puede ser impresionante para ese impresionante hombre? Bueno, para no alargarles el cuento, hicimos lo que pudimos. No nos quedamos callados en ningún momento y eso jugó a nuestro favor. Esto pasó en el último día de clases (cuando usualmente se toma un examen, pero el profesor lo reemplazó con éste debate).

Nos texteabamos con mis compañeros para saber como nos había calificado el profesor, para saber que iba a ser de nosotros después de esa clase. La verdad, todos estabamos muy preocupados porque esa clase era demasiado. No podiamos entender como una clase tan difícil tenía que estar como clase requerida en la maya curricular para poder tomar las siguientes clases de la carrera. O sea, si esa era la primera, ¿se imaginan las demas? Estaba decepcionada. En BMCC me había graduado con un GPA (promedio) alto, estuve en la mención de honores los últimos dos semestres en los cuales tomé 6 clases en cada uno (de locos! mi consejero me dijo que estaba loca lol) y luego… ¿Brooklyn College me da la bienvenida con esto… Con esa clase que me iba a arruinar mi promedio?

Bueno, llegó el día que descubrí mi calificación de esa clase, y como no era de sorprenderme, me dió una C. Me sentía decepecionada, arruinada, cansada, y con rabia de que ese señor me dió un grado tan bajo… pero tan bajo. O sea, obvio que él, con una carrera tan larga y con sus estudios y todo, no nos iba a dar una A ¿pero una C? Esta vez no lloré pero tenía un nudo en la garganta que no me lo sacaba ni un cake de chocolate (que ya saben como me encanta y pienso que arregla cualquier situación). Si mi primer semestre iba asi, ¿se imaginan el segundo? Tiré la toalla nuevamente… me hice muchas preguntas pero eran preguntas retóricas basicamente. Ya había pasado por eso, asi que no me tenía que tratar de la misma forma porque sería masoquista de mi parte. Me senté a analizar mi experiencia en la clase y sinceramente fue la mejor clase que he tomado en mi vida entera (además de un par en BMCC). Fue una clase que me enseñó a que no todo en la vida se trata de lo que obtengas como resultado pero el aprendizaje que obtuviste durante esa trayectoria. Es irónico como, hasta el día de hoy, admiro a ese profesor y todo lo que me enseñó después de haberme dado un grado tan bajo y si tendría que tomar su clase otra vez, lo haría nuevamente. Segundos después de haber analizado el lado bueno de esta situación, tomé esa toalla y dije “esta vez no te tiré por tanto tiempo. Vamos que el camino es largo!”

Y aquí estoy… ahora le agradezco a esa bienvenida que Brooklyn College me dió con esa clase, porque gracias a ello, el resto de los semestres fueron excepcionales. Claro que esa clase bajo mi promedio muchísimo pero ya no me preocupaba el promedio, siempre y cuando mi experiencia durante cada clase valga la pena de verdad. Eh… luego hubo otra clase que me marcó de la misma forma pero evidentemente mi actitud era otra (que clase TAN BUENA con el tercer mejor profesor ever!) me dió una B- pero por todo lo que aprendí no me importaba si me daba menos.

Todo en la vida nos deja una lección. Mi lección fue “no te enfoques mucho en el restulado final. Disfruta la travesia, que de eso se aprende mas.” Fue duro, fue frustrante e intenso. Me llené de rabia cuando éstas dos clases bajaron mi promedio pero a este punto de mi vida mi “motto” ya no era eso, sino disfrutar y sacar provecho de lo que verdaderamente era cada clase y cada experiencia que pasé en Brooklyn College. Conocí a gente muy buena, profesores excelentes, asistí en un par de clases, y sobre todo era en mi condado favorito (Brooklyn) y fue así como traté de siempre ver el mejor lado de las cosas y aprendí a valorar el camino más que la meta final.

Lo mejor de todo es que mi graduación es tan sólo el comienzo… ¡voy por más!💙👩🏻‍🎓

(Aquí les dejo una foto que me encanta, aunque no sea mi mejor ángulo, pero no fue posada ni nada. Fue sincera emoción y satisfacción)

XO, Amy.

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